31 de diciembre de 2011

No te vas.

Sigo corriendo, no sé dónde me estoy metiendo, pero necesito encontrarle. Me imagino que estará dónde siempre, aunque nunca he ido allí, y tengo miedo. Me paro en seco, dudando un momento lo que hacer, si ir o no. De repente, su imagen me viene a la mente. Niego con la cabeza y comienzo a correr otra vez. Hace frío, es una noche más fría de lo normal, llevo mi sudadera, bueno, en realidad es suya, me está enorme, y me encanta. Unos pantalones negros, ya gastados, y mis Converses, mías, mis preferidas. Casi llegando, empiezo a llorar, ¿por qué? Ni idea, tengo miedo de perderle, eso es todo.
Llego, ando a paso ligero, este sitio me da miedo. Unos cuantos chavales me miran y sonríen, yo los miro de reojo. Otros se dan toquecitos y sueltan carcajadas. Lo veo en su grupito, con sus amigos y me acerco lentamente. Fuman. Algunos chicos me miran y empiezan a silbar, otro ríen y él me ve.
-¿Qué haces aquí?- Los demás dejan de reírse y silbar al ver que él me conoce.
-Vengo buscandote.- Consigo decir, más bien, susurrar. Algunos de ellos sueltan dos o tres comentarios groseros que desaparecen cuando él les mira mal.
-¿Y? Puedes irte, luego hablamos.- Contesta dándole una calada al cigarro.
-He venido hasta aquí y no pienso irme ahora.- Aprieto los puños de pura rabia. Nunca se ha comportado así de borde, algo seco a veces, pero nunca así, conmigo no.
-Vete. No deberías estar aquí.- Se apoya en la pared y da otra calada más. Piensa que me voy a dar media vuelta y me voy a ir, lo sé, pero se equivoca.
-Bueno, como quieras, pero es una pena que no nos volvamos a ver.- Digo yo, relajándome un poco para no mostrar miedo. Los amigos observan la escena como si no estuvieran, y él muestra curiosidad.
-¿Cómo?- Se tensa, y tira el cigarro al suelo.
-Bueno, la semana que viene, puede que me mude, aún no lo sé con seguridad, pero lo más seguro es que sí.- Me apoyo en la pared al lado de un amigo suyo, que me mira como si fuera una bruja.
-¿Por qué no me lo has dicho antes?- Se preocupa, y le da rabia, debido a esto aprieta los
puños. Tiene la misma manía que yo.
-Me enteré hoy, te he llamado y te he buscado todo el día. Era el único sitio que me quedaba.- Él mira hacia otro sitio, recordando. ¿Dónde ha estado todo el día?
-¿Y por qué has venido a buscarme?- Me aleja un poco del grupo para hablar más a solas. Está preocupado.
-¿Qué por qué he venido a buscarte? Quería despedirme y buscar una razón por la que quedarme, pero veo que te da igual.- Miro hacia abajo y me alejo un poco, como si fuera a irme, él,
instantaneamente me agarra de la muñeca.
-No me da igual.- Aprieta mi muñeca, me está haciendo daño, pero no se da cuenta.
-Me estás haciendo daño.- Señalo. Mira su mano y la afloja, mirándome avergonzado.
-Lo siento.- Me abraza y yo, insconcientemente también lo hago. Nos quedamos quietos, inmóviles. Los demás chicos ya no nos prestan atención, solo nos miran de vez en cuando.
-Te quiero, ¿vale? Que nunca se te olvide, aunque me vaya.- Cuando termino la frase, él apoya sus manos en mis hombros y me aleja un poco, para mirarme a los ojos. Los suyos están encharcados.
-No te vas a ir, porque yo te quiero...-Nos miramos a los ojos, confusos, perdidos, desesperados. Me besa, así, de repente. Yo también le beso, posando mis manos en su cuello. Cómo no, lo amigod aún están allí, para soltar alguna que otra risa.
-Me tengo que ir, haré lo posible por quedarme...-Fuerzo una sonrisa para relajarle, pero nada, él sigue igual.- Todo saldrá bien, ya verás.
-Ya, sí... Bueno, entonces...- Busca algo en su bolsillo, lo encuentra y saca la mano, abriéndola despacio.- Toma.- Un colgante, lo miro mejor, una luna, su nombre por una cara y el mío por la otra. Que yo recuerde, no cumplimos once meses juntos hasta dentro de dos meses.
-¿Por qué?- Sonríe ante mi pregunta, consigue hacerme sonreír a mi también.
-Hace doce meses que nos conocimos, dentro de tres semanas. He estado todo el día buscándote algo bonito... Sabes que soy muy torpe para estas cosas.- Sonríe algo avergonzado, con la mano en la nuca. Es un cielo.
-Eres un cielo.- Le abrazo y luego me giro dándole el colgante.- ¿Me ayudas?- Sonrío y el coge el colgante asintiendo. Me lo pone y yo mientras lo toqueteo, observándolo.- Ahora sí que me voy.- Le doy un beso corto, y sonrío.
-Adiós preciosa.- Me da un beso en la frente.
-Te quiero.- Le miro a los ojos, me giro y empiezo a andar.
-Y yo.- Sonrío y, aunque el no me ve, sabe que lo he hecho. Miro a los amigos ya más relajada. Alzo la mano a modo de despedida.
-Adiós chavales, hasta otra.- Ellos se despiden desconcertados y él se ríe. Yo empiezo a correr, riendo. Estoy en casa en varios minutos.
-¿Dónde has estado?- Mi madre. Tiene una sonrísa mientras lava los platos y yo espero un momento para recuperar el aliento.
-Con mis amigas, en casa de una de ellas.- Miento. No puedo decirle a mi madre perfecta que he estado en un callejón oscuro lleno de tíos que solo saben fumar.
-Pues venga, ya es tarde.- Se seca las manos en el paño y se lo quita.
-Eh... Mamá...- Hablo suave, con un hilo de voz, que tiembla.
-¿Qué pasa?- Me mira preocupada, y se acerca a mi.
-N-No podemos irnos.- Miro al suelo.
-Entiéndelo, es lo mejor... Tú padre mañana nos dirá si es seguro o no, que nos vamos.
-Por favor, necesito quedarme mami...-Se me quiebra la voz y empiezo a llorar.- Mami por favor...- Ella me abraza.
-No llores cielo, tenemos que esperar a mañana, ¿vale?- Me besa la mejilla, y yo asiento.
 -Va...-Me alejo lentamente y subo las escaleras desganada sin apartar la vista del colgante. Llego al cuarto y me derrumbo sobre la cama, quedándome dormida al rato, esperando la noticia de mañana.

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