17 de agosto de 2016

Detente. Me vuelves loco.

Caminó en silencio hasta que los dedos de sus pies ya no sentían la tierra.

Y allí mismo, sin avisar, se arrancó las alas antes de tirarse porque quería sentir la libertad.


Solía echar de menos, sin embargo siempre quería irse lejos de mí.

Siempre se miraba fijamente al espejo, por si algún día olvidaba quién era.

Nunca dejaba de mirar a las nubes, y yo nunca dejaba de pensar en que estaría pensando.

No quería estar sola, pero no quería dejar de perderse.

Nunca abandonaba el miedo, sin embargo no tenía miedo a llorar.

Era una romántica empedernida, que estaba cansada de las historias de amor.

No le gustaba el café, y a pesar de eso adoraba entrar en las cafeterías.

Nunca combinaba su pañuelo con su camiseta, conjuntaba su camiseta con los días.

Nunca me dejó mirarla a los ojos más de dos segundos, pero le encantaba que lo hiciera.



Siempre sentí cuando la acariciaba, que esa chica era otro universo por dentro.

Ella sin duda es la que mueve el caleidoscopio de detrás de mis ojos.

Nunca llegaré a conocerte del todo.

Y nunca dejarás que te rescate, preferirás que nos rescatemos juntos.


Nunca dejarás de volverme loco, pero sé que sin ti no podría...


Espero que no me busques, para que así puedas encontrarme.

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