-¡Que te calles!
-No, escúchame por una vez en tu vida!
Odiaba escucharlos discutir cada día, y nunca conseguía acostumbrarme. Prefería meterme en el armario con mis peluches y cerrar los ojos hasta que se pasase. Luego venía mamá y me abrazaba con lágrimas en los ojos, pidiéndome disculpas porque una niña de nueve años como yo tuviera que escuchar eso, mientras decía que no volvería a ocurrir,
Pero mentía, siempre volvía a ocurrir.
Al llegar la noche papá siempre solía venir a darme un beso en la frente y decirme que era muy valiente y una niña muy especial. Yo asentía y le daba también las buenas noches deseando que se fuese de la habitación, pues nada más cerrar la puerta, yo me asomaba a la ventana con una amplia sonrisa ya que allí me estaba esperando mi pequeño amigo felino.
-Buenas noches, Caramelito.
Caramelito era un pequeño gato gris que siempre estaba en la ventana, por las noches dormía conmigo y se iba antes de que papá me dijera que era hora de ir al cole.
-Hoy han vuelto a discutir.
Le contaba al gatito lo que había ocurrido mientras le acariciaba el lomo, y al final acababa acurrucándome con él mientras deseaba que no volviera a ocurrir.
A la mañana siguiente todo ocurrió de forma distinta: cuando papá entro en mi cuarto a despertarme y me encontró abrazada a Caramelito se quedó a cuadros. El gatito esa noche no se fue, y yo decidí contarle la verdad.
-Caramelito es mi único amigo, mi mejor amigo papá. Cuando voy a dormir justo después de que me des las buenas noches él viene a verme, y cuando le cuento que estoy triste me seca las lágrimas y hace cosas que me dan risa.
-¿Y puedo saber por qué estás triste?
-Porque como tú y mamá siempre discutís, cuando quiero que juguéis un ratito conmigo estáis muy cansados y ya no os apetece. Así que, por la noche antes de dormir juego un ratito con Caramelito.
Y ese día no fui al cole. Fui con papá a comprarle un montón de cosas a Caramelito, pues ahora mamá y papá dejaban que estuviera conmigo siempre, y ya no discutían casi nunca. Entonces comprendí que era mejor decir la verdad, antes que mentir con un 'estoy bien'.
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