17 de diciembre de 2014

CHALLENGE - DÍA 7 - MEDIANOCHE


Nunca podría trabajar aquí. Este sitio es demasiado siniestro y lúgubre por las noches, y odio escuchar los gritos repetinos de la gente que sufre un fuerte dolor.
Definitivamente, odio el hospital.
Ahora más que nunca comprendo lo que es pasarlo mal. Saber que no puedes hacer nada mientras te deterioras y las personas a las que quieres tienen que verlo.
Yo siempre intento sonreír. Cada vez que vienen muestro una sonrisa débil y cansada, que, aunque en el fondo no sea sincera sé que a ellos también les da fuerza verla.
Duele, noto como cada parte de mi cuerpo me pide que me rinda, pero no quiero, y sé que no puedo hacerlo. Sé que me arrepentiría durante siglos, aunque algunas personas digan que ya no puedes sentir nada.
Y me da pena verlos así, tan agobiados y desesperados. Tiene que ser agotador dormir tantas noches en ese incómodo sillón.
Pero no puedo hacer nada por ellos tampoco. Todo lo que diga o haga les duele, les da pena, y es difícil la comunicación en momentos así.
Intento no pensar demasiado en ello. Mantengo conversaciones sobre cualquier cosa que ocurra en el mundo, sobre recuerdos, leo, veo la tele o simplemente escucho música mientras miro por la enorme ventana de mi habitación.
Quiero salir de aquí. Nunca he echado tanto de menos sentir el calor o el frío, o simplemente notar como la lluvia cae sobre mí y va mojado mi cara con suavidad. Echo de menos tantas cosas que antes veía una estupidez que no sé ni como describir la rabia que siento de no haberlas disfrutado antes.
Ahora todo se acaba. Y estoy escribiendo esto porque no sé ni como sentirme.
¿Cómo debería de sentirme?
Tal vez tenga algo de miedo, pero tampoco estoy asustada, simplemente estoy esperando a que llegue. Ellos están fuera y puedo escucharlos llorar, lo que hace que cada vez tenga más frialdad respecto al tema.
Conseguí verlos entrar, durante un segundo. Un simple segundo eterno. Algunas lágrimas cayeron por mis mejillas y solo me dio tiempo a susurrar un pequeño os quiero.

Y sonó el reloj. Había llegado la medianoche. Y yo había muerto. En mitad de mi vida, a mitad de una frase.

No hay comentarios:

Publicar un comentario