Estaba bajando en el ascensor mientras me ponía la chaqueta sobre el vestido con estampado floral que llevaba. Hacía un buen día pero hacía algo de frío, y tampoco quería arriesgarme a coger un resfriado.
Al salir del piso me puse mis gafas de sol y me dirigí a mi moto mientras me colocaba el casco, cerrando los ojos y pidiendo un poco de suerte.
Cuando llegué a mi destino me dispuse a aparcar y coger de nuevo las cosas que había guardado en el asiento.
Al salir del piso me puse mis gafas de sol y me dirigí a mi moto mientras me colocaba el casco, cerrando los ojos y pidiendo un poco de suerte.
Cuando llegué a mi destino me dispuse a aparcar y coger de nuevo las cosas que había guardado en el asiento.
Entré dentro del enorme edificio y miré a mi alrededor, era mi sueño. Este era mi sueño.
Noté como las manos me empezaron a sudar y a temblar, por lo que busqué alguna máquina expendora en la que comprar una botella de agua. Miré la hora, quedaba poco para mi cita. Suspiré y una vez más deseé que todo saliese bien.
Noté como las manos me empezaron a sudar y a temblar, por lo que busqué alguna máquina expendora en la que comprar una botella de agua. Miré la hora, quedaba poco para mi cita. Suspiré y una vez más deseé que todo saliese bien.
Y entonces llegó la hora, caminé hacia el despacho y llamé a la puerta. Escuché una voz en el interior dándome permiso para pasar.
Después de media hora disputando sobre el tema, lo rechazaron. Habían rechazado mi proyecto, en el que había trabajado tanto tiempo, ese sueño en el que había dedicado años, momentos y experiencias.
Salí de allí lo más rápido que pude, pero se me hizo eterno. Pude ver como a otra chica en el despacho junto al que yo acababa de salir le daban la enhorabuena, decían que su historia sobre esa mujer que no conseguía estar con su amor verdadero por culpa de su enfermedad era lo mejor que habían leído en mucho tiempo.
Y me enfadé. Me enfadó el pensar que eso era la moda y eso era lo bueno. No decía que lo mío fuera mejor, simplemente pensaba que no me parecía justo que porque apareciese alguien enfermo ya fuese perfecto.
Después de media hora disputando sobre el tema, lo rechazaron. Habían rechazado mi proyecto, en el que había trabajado tanto tiempo, ese sueño en el que había dedicado años, momentos y experiencias.
Salí de allí lo más rápido que pude, pero se me hizo eterno. Pude ver como a otra chica en el despacho junto al que yo acababa de salir le daban la enhorabuena, decían que su historia sobre esa mujer que no conseguía estar con su amor verdadero por culpa de su enfermedad era lo mejor que habían leído en mucho tiempo.
Y me enfadé. Me enfadó el pensar que eso era la moda y eso era lo bueno. No decía que lo mío fuera mejor, simplemente pensaba que no me parecía justo que porque apareciese alguien enfermo ya fuese perfecto.
Así que salí de aquella editorial, caminé hacia mi moto y me monté lo más rápido que pude, arrancando y conduciendo sin rumbo fijo.

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