19 de noviembre de 2015

Lo prometí.

Prometí no enamorarme de ella.

Solo quería conocerla mejor, me parecía una chica que, simplemente, veía el mundo con unos ojos únicos al resto.

Solo quería conocerla un poquito más.

A medida que me adentré en su vida comencé a ver todo de una forma que nunca me había imaginado. Veía las estrellas como miles de luces que nos alumbraban para que pudiesemos bailar bajo su luz, los paseos por el bosque eran pensar, meditar juntos y sentir como poco a poco se liberaba tu alma.

Me enseñó a ver aquellas cosas cotidianas de una forma tan maravillosa que hacía que tuviese cada día más ganas de vivir y aprender algo nuevo de ella.

Lo había pasado mal. Esa chica lo habia pasado tan mal que me sorprendía que aún viera el universo como algo tan mágico que de verdad puede hacerte sentirte especial.

A mí me hacía especial ella.

Cuando quise entrar en esta aventura solo pensé en conocerla algo mejor, en aprender de ella. Me negaba a enamorarme.

Pero fue inevitable.

¿Cómo no enamorarse de una chica que hace que te sientas único en el universo? Conseguía que realmente sintiera que estoy aquí por algo, que cada detalle podía convertirse en algo realizado únicamente para mí. Recuerdo cuando yo no tenía ganas de nada y llovía... ella decía que el cielo se había vuelto gris porque mi tristeza lo había inundado y que si, volvía a sonreír, se volvería azul.

Era silenciosa y a la vez decía tanto con solo mirarme a los ojos... cada vez que sujetaba su mano sentía que conocía todo de ella.

A día de hoy puedo decir que me prometí un millón de veces no enamorarme de ella, solo conocerla mejor.

Era imposible no enamorarse de una chica que hace que la vida parezca tan maravillosa porque, el mundo a través de sus ojos, se ve mucho mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario