Miró al chico directamente a los ojos, a aquellos ojos oscuros y llorosos que no querían mostrar todo lo que estaba ocurriendo en su interior.
Ella sin embargo no sabía como sentirse. Había ido allí con las intenciones muy claras y con una decisión tomada hasta que lo vio de nuevo frente a ella.
No podía más, era más sencillo decir la verdad.
-¿Sabes por qué quería verte?
-Bueno... -él se sorprendió por la pregunta, confuso y curiosamente nervioso.- Creí que querías hablar sobre lo que pasó entre nosotros y dejarlo todo cerrado.
-¿Por qué me abandonaste? ¿Qué hice mal? -de nuevo, el chico se sobresaltó debido a la pregunta y se apoyo en la mesa para encender un cigarro, buscando tiempo.
-No hiciste nada mal... tú solo eras tú queriéndome y...
-¿Hice mal en quererte? -le interrumpió. Se podía notar su respiración agitada y como sus ojos comenzaban a humedecerse cada vez más-. ¿Te quise demasiado como para que pudieses soportarlo?
-No. -dijo él, buscando calma en su tormenta interior-. No. Simplemente yo no supe qué hacer con tanto amor. Tenía miedo, ¿vale? -poco a poco su tormenta interior estaba superando la poca calma que había encontrado.- Al principio ni si quiera me daba cuenta del daño que te hacía con mis acciones, pero cuando me di cuenta de cuanto me importabas tenía miedo de que sufrieras más por mi y pensé que si era aún más capullo antes de dejarte te sería más fácil olvidarme después.
-¿Por eso me dejaste allí llorando cuando fui a buscarte y ni siquiera eras capaz de mirarme a la cara? ¿De decirme nada? -las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, así que intentó relajarse y secárselas con las manos.
-Por eso mismo. -la miró dolido y le estaba costando la misma vida no echarse a llorar también, pero no podía permitirse derramar más lágrimas por este tema. Él sabía que la había perdido y no haría esfuerzo en intentar recuperarla inútilmente-. Sé que lo hice mal, lo sé. No hace falta que me lo digas. Sé que cometí un error tras otro, que fue todo un caos por mi culpa y siento haberte hecho tantísimo daño, en serio.
-¿Sabes que llevo todo este tiempo pensando que había sido mi culpa? Que... yo había hecho algo para que te marcharas de esa forma.
-Pues no. -ambos estaban ahora más tranquilos. La tormenta había pasado y podían respirar con un poco más de tranquilidad-. Tú no tienes culpa de absolutamente nada. Ya te lo he dicho. -hizo una pausa.- Tú solo eras tú queriéndome, algo que no supe apreciar.
-¿Sabes por qué quería verte? -volvió a repetir ella, como al principio de la conversación-. Quería perdonarte. Quería sentarme contigo y perdonarte pero... -cogió aire mientras se levantaba del banco e intentaba sonreír-. No puedo hacerlo. Lo siento.
Se alejó de él a paso rápido y se echó a llorar de nuevo. Le había dolido tanto que sus lágrimas se escapaban aunque ella no quisiera.
Al cabo de unos minutos llegó a donde estaba aquel amigo que le había dado esa estúpida idea.
-Esta vez estabas equivocado. -le miró con los ojos llorosos y desconsolados, a la vez que su voz temblaba al hablar.
-¿Qué ha pasado? -preguntó su amigo, confuso.
-No ha salido bien. No he podido. Me dijiste que me sentiría mejor si perdonaba cosas por las que aún sentía rencor y en el primer intento, he fallado.
-Ese perdón no es fácil. Tal vez con el tiempo seas capaz de hacerlo. -se acercó un poco a ella y apartó un mechón de pelo de su cara para poder secarle las lágrimas-.
-No ha servido para nada.
-Puede que haya servido de algo. -él miró a los ojos confusos de la chica.- ¿Has podido perdonarte a ti misma?
En ese momento lo vio todo claro. Descubrió una calma interior que no había sentido nunca y eso la hizo llorar de nuevo y abrazarse con fuerza al chico, para poder sacar lo poco de culpa que quedaba en su interior y lo bien que se sentía al fin consigo misma.
Tal vez no consiguió perdonarle a él por todo lo que había hecho, sin embargo consiguió perdonarse a sí misma las culpas que había asumido para comprender el daño recibido.
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