Lo que más recuerdo salir de su boca era aquella frase:
"Nunca conseguirás que me enamore de ti".
Me sacaba de quicio, no comprendía por qué me decía eso a pesar de todos los momentos increíbles que pasábamos el uno junto al otro. Así que prefería reírme y pensar que solo era una broma.
Hasta que llegó el día en el que me era imposible reírme cuando aquellas palabras se estampaban en mi cara. ¿Por qué me dices eso? ¿Crees que quiero que te enamores de mí?
La miré a los ojos en silencio tras preguntarle aquello. En un segundo pude ver un vacío en sus ojos por el que mi cuerpo inútil caía, perdiéndolo todo. Sin embargo, ella mostró una pequeña sonrisa y alzó los hombros mientras me contestaba:
"Si dejo que me hagas feliz, me harás el doble de triste cuando te vayas".
Así, sin más. Esta chica me dejaba tan descuadrado que muchas veces necesitaba parar un segundo y analizar todo lo que decía.
Ni siquiera sabía como tomarme aquella frase, si me estaba reprochando, si estaba pidiendo que la besara o si lo que realmente estaba deseando es que la dejase en paz de una vez. Decidí que lo mejor que podría hacer sería dejar toda aquella historia de amor que nunca existió en aquella frase que terminó tal y como empezó, en menos de cinco segundos.
Ahora me arrepiento de ser de vez en cuando tan concienzudo y no dejarme llevar por lo que siento. Ahora que la tengo aquí llorando como nunca la he visto porque le he dicho que me voy.
Ahora que la veo llorando tanto es cuando me doy cuenta de que la enamoré desde la primera vez que le hice reír.
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