-¡Joder no te pases! ¿Por qué dices eso, tía? ¡Pensé que éramos amigos!-Grita él. Tenía la capucha de su sudadera puesta. Empieza a chispear un poco. Él con los puños cerrados, los aprieta con rabia a la vez que se mordía el labio inferior, por la misma razón.-¿Que por qué te lo digo? ¿Acabas de preguntar que por qué te lo digo? Pues, porque nos llevábamos genial, ¡éramos como hermanos! Y por una tontería se va todo a la mierda. ¡Me dejas de hablar y, joder, ya no existo en tu vida! Sabes lo que duele eso, ¿eh? ¡¿Sabes lo que duele?! Si, joder... Si con solo sonreír ya me haces feliz... ¡Me haces feliz!- Y cae, se derrumba de rodilla y empieza a gemir y a llorar desconsoladamente mientras comienza a llover más fuerte. Ellos no se mueven, ahora mismo no les importa nada más que esa conversación y que la persona que tienen delante. Ella llevaba una sudadera de él, y se estaba empapando, pero no tenía frío.
-¡Pero entiéndeme! ¿No eres capaz de entenderme? ¡Es por ti, por tu bien!- Ahora el también llora.- ¡No nos vamos a volver a ver! Y no quiero que cuando nos despidamos te pases días y días llorando por mi. ¡No podría soportarlo!- Da un fuerte puñetazo a una valla, ella no le mira, pero escucha el golpe. Ella llora más fuerte todavía, no quería mirarle. Escucha como él se le acerca corriendo, se tira al suelo con ella y la abraza fuertemente, notando sus lágrimas frías.
Él acerca sus labios a su oreja congelada.- Te quiero.- Susurra él. Se miran a los ojos, y en ese mismo instante se unen en un apasionado beso bajo la lluvia.
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