-¡Eh, cuidado!
Recuerdo que es lo último que pude escuchar antes de caer al agua y ver como la barca se alejaba cada vez más de mí.
Comencé a moverme para flotar mientras pedía ayuda a gritos, pero nadie me escuchaba. Me agobiaba; me estaba agobiando, pasaba el tiempo y no había ninguna señal a mi alrededor.
Al llegar la noche comencé a tener mucho frío pero ya no podía recuperar mi ropa, pues me desprendí de ella hace horas para poder mantenerme a flote.
Mi cuerpo estaba hecho polvo, me costaba respirar y moverme y ya no sabía lo que era real o no, pues tampoco podía dormirme y comenzaba a tener alucinaciones.
Recuerdo que pude ver a todos aquellos a los que quería, a mi oso de peluche de cuando era niña, hasta miles de arañas enormes que me aplicaban su picadura mortal y sentía fallecer una y otra vez.
Muchas veces me hundía, me dejaba sumergirme en el agua y cerrar un segundo los ojos, pero cuando la falta de aire era extrema volvía a la superficie lo más rápido que podía.
He comenzado a hacerme a la idea de que no podré sobrevivir, pero me da pánico rendirme, dejarme llevar y notar como mis pulmones se llenan de agua hasta matarme. Imagino que eso era lo único que me mantenía con vida, el miedo a morir, porque esperanza, por desgracia, ya no había.
Hace varios días que había perdido la esperanza, porque así llevaba, varios días intentando aguantar viva. Gracias a que a veces he encontrado troncos que flotaban sin rumbo y he podido descansar durante algunas horas.
Me estaba volviendo loca. El hecho de estar aquí, sola, intentando salvarme me estaba haciendo perder toda la racionalidad con la que había empezado. Las alucinaciones me seguían jugando malas pasadas; veía tiburones viniendo hacía mí que desaparecían justo antes de devorarme, el sol parecía caer como un meteorito y hasta el agua se convertía en arenas movedizas que me hacían gritar por la presión y el agobio.
Eso son las últimas cosas que recuerdo, reales o no. Son las únicas que recuerdo antes de dejarme llevar por el sueño, a pesar de no sentir aire en mis pulmones, a pesar de saber que no quedaría más de mí, a pesar de saber que había aguantado para morir.
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