6 de marzo de 2016

El amor es otra forma más de suicidarse.

Aquella noche ese chico descubrió lo que era realmente el amor.

El amor era otra forma más de suicidarse.

Mientras sostenía su mano helada y apartaba por última vez un mechón rubio de su delicado rostro, pudo sentir que su corazón se fue con ella.
Y es que nuestra muerte es algo a lo que todos tememos, sin embargo es la muerte de los que queremos la que somos incapaces de asimilar.

En el momento en el que observaba su cuerpo inerte cubierto por aquellas suaves sábanas blancas comprendió que una parte de él había muerto con ella justo en el instante en el que su corazón latió por última vez.

No podía dejar de pensar en sus sonrisas, en sus 'te quiero', en sus manos acariciando sus mejillas cuando se sentía agobiado, el sonido de sus carcajadas cuando le hacía cosquillas, como se escondía entre sus brazos cuando estaba preocupada... pero sobre todo sus besos y como le miraba después de estos y le hacía sentir increíblemente especial.

Ahora todo eso se había ido.

Se maldijo unas mil veces por no haber apreciado todas aquellas cosas antes y tener que hacerlo ahora porque las echaba de menos.
Parpadeó varias veces con fuerza y tras pasarse las manos por la cara para secarse las lágrimas se levantó de aquel sillón que estaba colocado junto a la cama donde yacía un ángel que ya no podía batir sus alas.
O que ahora estaba empezando a hacerlo.

Suspiró y le susurró un último 'te quiero' antes de abandonar aquella habitación.

Una nueva forma de suicidarse.

Sabía que por amor no se muere, que a pesar de eso él seguía respirando y su corazón seguía latiendo, pero no podía decir que estaba vivo.

Realmente era un alma muerta en un cuerpo que aún aguantaba en pie.

Por quererla, por amarla, ahora sentía que todo lo bueno en él nunca volvería, que una parte de él había muerto para siempre.

Se había suicidado.

Aunque, de todos modos, se habría suicidado mil veces más por ella.

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